Pequeños tiranos

Pequeño tirano

A continuación les quiero presentar un capítulo del libro “DESVELOS de PADRES e HIJOS” que publico con la autorización de sus autoras:
Lic. Susana Mauer y Lic. Noemí May.
El título “Pequeños tiranos” es totalmente acertado ya que en este capítulo se describe a la infancia actual, explicando algunas de las características de los niños de hoy que tienden a cuestionar la autoridad de los adultos. En la actualidad los  niños  suelen ser inteligentes, rápidos, contestatarios y no toleran ni la menor frustración.
Los adultos, muchas veces cedemos ante sus planteos ya que la lógica de sus argumentos nos descolocan, nos dejan sin respuesta y experimentamos sentimientos ambiguos,  ya que por un lado nos sentimos excedidos  por el oposicionismo de los niños  y por el otro nos invaden sensaciones de fascinación y orgullo frente a las  increíbles respuestas que nos pueden llegar a dar.
Todos aquellos que estén en contacto con niños seguramente se sentirán identificados al leer este material.

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«Yo no hago caso.» Delfina tiene 2 años y medio, y así fija su posición cuando su mamá le advierte del riesgo al que se expone si salta desde el quinto escalón de la escalera. «Hoy les pegué a todos», cuenta Teo diariamente, al volver del jardín de infantes. «Yo como en mi pieza; necesito tranquilidad.» «No me fuercen; vos me prometiste que no me ibas a obligar si yo no quiero.»
La lógica de estos argumentos es tan convincente y bien planteada que deja a los padres sin respuesta. Los niños cuestionan la autoridad, se adueñan de los criterios que implementan los padres. María, de 3 años, constituía un caso extremo. Se negaba rotundamente a sentarse. Jugaba, comía, vivía parada o en cuclillas, pero nunca se sentaba ni en la casa ni en el jardín de infantes. Si bien esta es una situación de negativismo severo, que requirió un análisis para resolverse, los alcances de estas conductas son insospechados.
Algunos casos de mutismo selectivo responden a este perfil. En ellos el silencio opera como instrumento de poder. Eligen ámbitos donde sí hablan y otros donde se presentan en forma «muda».Empecinados en no ceder ni negociar, no re-conocen la autoridad ni le temen. No incorporan las consignas ni las restricciones.
Niños inteligentes, rápidos y contestatarios, no aceptan el límite a su autonomía y estallan escandalosamente ante la menor frustración. Padres dedicados y afectuosos, hiperatentos, les hablan como iguales, y explican y justifican cualquier decisión que toman pues creen que deben consultar «democráticamente» su joven voluntad.
¿Quién necesita la autorización de quién?
Estos desajustes solo complican la dinámica intersubjetiva, y comprometen la ubicación del niño, tanto en el contexto familiar como en el ámbito del jardín de infantes, o en ambos.
Los padres llegan a la consulta preocupados y excedidos por el trastorno, que en algunos casos se manifiesta a través de agresividad, oposicionismo, falta de integración social. Pero aquello que realmente los angustia es su impotencia para intervenir con eficacia. Al no advertir la desarticulación subyacente al trastorno, ni los costos que este funcionamiento le ocasiona al niño —y no a ellos— se sienten víctimas de un tirano. Paradójicamente, los padres experimentan a la vez sensaciones de fascinación y orgullo frente a «las excepcionales respuestas» que hacen de su hijo un «fuera de serie».
Se expresa, de este modo, una fisonomía despareja, no armónica que, por un lado, produce un niño poderoso y excitado, y por el otro, encubre aspectos muy precarios e inmaduros de los padres.
Esta configuración singular (adultos impotentes y desconcertados, a la vez que fascinados; niños prescindentes soberbios) vuelve difícil de conciliar este «enroque» de posiciones adultas encarnadas y acotadas por niños, y modalidades infantiles presentificadas en los adultos. Entonces nos preguntamos: ¿En quién recae hoy la dependencia infantil?
La sensación de un fuerte desajuste, en el que las edades y las funciones parecieran no coincidir con los personajes, funda quizás una nueva serie. Aquí la regla es la excepción.
La tenue diferenciación entre padres e hijos produce distorsiones en la constitución de la propia imagen. Una lente de aumento devuelve al niño una visión magnificada de sí mismo, al mismo tiempo que refleja una imagen disminuida de sus padres. Al parecer, estamos ante un niño-caricatura con un yo tan inflado como vulnerable. Convencidos de su consistencia, los padres desmienten la dependencia y la fragilidad propias de la infancia y, angustiados, llegan a la consulta.
¿Serán las transgresiones, los berrinches, el desenfreno en los pequeños, los modos en que la impotencia del niño se hace oír?
El proceso de crecimiento no es necesariamente armónico ni parejo. Aspectos más desarrollados coexisten con otros más inmaduros. Leer en la actitud desafiante del niño signos de labilidad y pedidos de contención es ya un avance en la dirección de un cambio. No se trata de luchar contra el niño, sino contra la impotencia que sienten los padres frente a la dificultad. Para ello es fundamental no dejarse engañar por el poder de los «superhéroes».

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4 Responses to Pequeños tiranos

  1. Sofia says:

    Acabo de leer el artículo y me parece buenísimo.
    Es así, cada vez nos cuesta mas mantenernos en nuestro rol, en mi caso no tengo hijos pero soy maestra y es incleíble como cuestionan y desafían los chicos.

    Gracias por la info!
    Sofía

  2. Fede73 says:

    Tengo un monton de ejemplos mas, podria escribir un libro de psicologia infantil.
    Me gusto mucho la lectura, gracias y saludos

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